viernes, 6 de mayo de 2011

No hay que educar a los perros, si no a sus dueños

Resulta que los perros se ladran,se huelen (es su manera de relacionarse). Y nuestro problema, el de los humanos, es que no les comprendemos, y nos les dejamos olerse ni ladrarse, además esto nos suele poner nervisos. Resulta que cuanto más nervioso se pone el dueño, más influye en el perro. Si los dejasemos a todos sueltos, libres, habría muchos menos problemas. La gente dejaría de tenerlos miedo y empezaría a comprenderlos.

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